sábado, 17 de diciembre de 2016

Un bar para ángeles

Dos hombres sin fe
entran en un bar para ángeles.
Sus alargadas y negras sombras
golpean los blancos tejidos
de los empleados de Dios.
Cabezas giran,
ojos queman.
Desde la barra,
el camarero grita
¡No sois bienvenidos aquí, mortales!
Uno de los hombres dice
Soy demasiado joven para morir viejo.
El otro guarda silencio.
Algunos abandonan el bar
mientras las miradas se cruzan.
El silencio,
el metal
y la tormenta.
Las luces aparcan
y el aire escupe pólvora
entre voladoras plumas
arrancadas de sucias alas.
Ni rastro de los mortales,
se solicitan refuerzos.
El asalto al cielo ha comenzado.

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